Noruega y España miran de forma sintonizada a muchos de los desafíos internacionales. Ambos están comprometidos en Afganistán. Ambos se preocupan por los conflictos en el Medio Oriente y tienen una orientación general parecida con respecto a ellos. Los últimos años se ha intensificado el contacto entre ambos países. En 2006 los Reyes de España hicieron una visita oficial a Noruega. Tanto el Primer Ministro noruego, el Ministro de Exteriores, el Ministro de Pesca y el Presidente del Parlamento noruegos, han visitado España una o varias veces en este último año.
Cada año, unos 800.000 noruegos visitan España como turistas, lo cual significa casi uno de cada cinco habitantes del país. También las visitas de los españoles a Noruega se incrementan bastante cada año. Mi impresión es que los noruegos y los españoles se sienten mutuamente atraídos por sus países respectivos, considerándonos ambos algo exóticos.
Nuestros países tienen en común mucho más que el elevado número de turistas que felizmente intercambiamos todos los años. Noruega y España han experimentado un rápido desarrollo económico. Noruega pasó de ser un país relativamente pobre situado en la periferia de Europa, a ser una de las naciones más ricas del mundo en unas pocas décadas del siglo XX. Nuestra aventura económica está basada en recursos naturales: pesca, petróleo, gas y energía hidrológica.
Sin embargo, siendo países de Europa Occidental, tanto Noruega como España dependemos especialmente de una alta productividad y del desarrollo de alta tecnología para poder competir a nivel global. En este punto debo elogiar a España que ha desarrollado y está en vías de construir y de entregar cinco fragatas muy avanzadas a la Armada Noruega. El barco número dos se entregará el 21 de mayo este año. Las fragatas son construidas en el astillero de Navantia en Ferrol y el programa de construcción concluye en el año 2009. Sin embargo, a través de la colaboración y el desarrollo tecnológicos, este programa tendrá efectos positivos para la investigación y colaboración tecnológicas entre nuestros países durante muchos años más.
La actual posición de Noruega en Europa y el mundo, está marcada por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Noruega se alineó con Inglaterra y sus aliados. Después de la Segunda Guerra mundial, los desafíos políticos que las democracias de Europa Occidental econtraron en la Guerra Fría, dieron como resultado la participación fundacional de Noruega en la OTAN y de la OCDE.
La Unión Europea ha sido un tema importante en el panorama político de mi país desde la posguerra. Dos veces, Noruega ha negociado un tratado para ser miembro de la Unión Europea, pero los noruegos lo rechazaron en referéndum tanto en 1972 como en 1994. Las discrepancias sobre una posible pertenencia a la UE han contribuido a la caída de tres gobiernos noruegos diferentes. Hoy, Noruega está vinculada al mercado único europeo por acuerdos que integran la legislación de la UE en el orden legislativo noruego. Los acuerdos aseguran la libre circulación de personas y mercancías, servicios y capital. A través de un acuerdo especial, Noruega también está integrada en el espacio Schengen.
Noruega es hoy el tercer mayor exportador mundial de petróleo y gas. Proporcionamos un 6,5 por ciento del gas que España consume, cantidad que casi se doblará este año. Su papel se ve reforzado por la importancia que tiene la seguridad en la política energética europea. Seguridad, energía y conservación del entorno natural, confluyen en la zona de la que también les quiero hablar hoy, un área estratégica para Europa que denominamos el Alto Norte.
El Alto Norte consiste en áreas marítimas inmensas. Es importante que todos los países tienen la misma percepción de los derechos y los deberes a la hora de llevar a cabo actividad económica en la zona del Alto Norte. Esto resulta aún más importante cuando se van descubriendo yacimientos nuevos de gas y de petróleo.
La evolución del derecho marítimo ha originado ambientes de peso y prestigio en las universidades noruegas. Noruega participó muy activamente en las negociaciones que dieron como resultado el Tratado Internacional del Mar. Sin embargo, todavía existen temas por aclarar, como por ejemplo la línea de delimitación entre el subsuelo continental noruego y ruso, así como entre las zonas económicas de ambos países.
El Alto Norte cubre las zonas del Ártico que tocan a Noruega, el extremo norte de Escandinavia y Rusia y los océanos que están al norte de estos países. Un tercio de Noruega está al norte del Círculo Polar Ártico donde – por cierto – tenemos el sol de media noche, en verano. Hoy este territorio y sus aguas jurisdiccionales no son sólo un lugar frío y salvaje que interesa únicamente a sufridos pescadores, cazadores y exploradores. Tampoco es el Alto Norte una zona que sólo tiene interés militar.
Hoy, el Alto Norte es una provincia europea emergente como proveedor de recursos energéticos, campo de cooperación con Rusia, refuerzo de los vínculos europeos y una región en la que se detectan muy pronto las consecuencias del cambio climático.
Históricamente, el único recurso importante en el mar de Barents, ha sido la pesca. Durante cientos de años, los habitantes del Alto Norte han explotado sus caladeros. Noruega está decidida a preservar esta riqueza. Colaboramos con Rusia para que los caladeros de bacalao sobrevivan y, hasta la fecha, hemos conseguido un desarrollo sostenible; pero estamos bajo una fuerte presión por la pesca ilegal y las negativas a aceptar cuotas, y esto hace que sea aún más necesario mantener un control firme y predecible, tanto por parte de los países costeros implicados como por las autoridades portuarias de los países donde se descarga la pesca. Un instrumento fundamental para lograrlo es el acuerdo europeo para combatir la pesca ilegal, no regulada y no registrada.
El factor más decisivo hoy para el desarrollo del Alto Norte es equilibrar los intereses de distintos sectores comerciales, sean la pesca, las piscifactorías, las navieras o la industria petrolífera y conseguir mantener la salud del entorno marino, evitar la contaminación de unas aguas que contienen parte muy importante de nuestro sustento.
La amenaza del cambio climático afecta a la industria, las infraestructuras, los transportes y otras áreas vitales de la vida humana. Los cambios del clima Ártico son críticos como indicadores de lo que va a pasar en el resto del mundo. Esos cambios ya están teniendo lugar: El hielo Ártico se está derritiendo. Lo estamos viendo con nuestros propios ojos, y la tierra oscura que queda al descubierto incrementa la absorción de calor y a su vez contribuye al calentamiento global. Los osos polares están amenazados por el deshielo y el incremento de la polución. Estas señales de alerta manifiestan la urgente necesidad de medidas internacionales para controlar la emisión de los gases que producen el efecto invernadero.
Para cualquier producción de petróleo y gas en offshore, existe el desafío de controlar y evitar las emisiones de gas con efectos contaminantes. Por esta razón, y como país productor de energía, así como nación Ártica, tratamos el medio ambiente como una dimensión integrada en la política energética noruega. Noruega presidirá el Consejo Ártico coincidiendo con el Año Polar 2007 – 2008, integrando la cooperación entre el Ártico y el Antártico y agradeciendo las aportaciones a la investigación polar de países como España, cuyos científicos polares tienen un altísimo nivel.
Seguridad energética, administración de recursos naturales y cambio climático han colocado el Alto Norte en el primer lugar de la agenda política noruega donde apostamos por tener presencia, actividad y conocimientos:
- Presencia para influir en el desarrollo de la explotación de recursos naturales renovables y no renovables.
- Presencia como estado costero que se toma en serio sus responsabilidades, incluyendo la realización de inspecciones y actividades de control en las zonas bajo su jurisdicción
- Un alto nivel de actividad y ambición en el campo tecnológico, investigación y medio ambiente y, por ello
- Inversión en estudios y programas científicos.
El concepto tradicional de seguridad ha cambiado y nos enfrentamos a nuevos desafíos en un espíritu de solidaridad europea y global. Vivimos en un mundo interdependiente. Y esa interdependencia es extremadamente positiva en el caso de España y Noruega: intercambiamos productos y servicios en cuantía creciente, manifestamos curiosidad y simpatía por nuestros respectivos países a todos los niveles.