En nombre de la delegación de Noruega, quisiera expresar mi sincero agradecimiento al Gobierno de España por albergar el primer Foro Anual de la Alianza de Civilizaciones.
Permítanme comenzar llamando su atención sobre un trágico incidente que nos recuerda la importancia de la discusión que mantenemos hoy aquí. En el día de ayer una bomba explosionó y se produjeron disparos en el Hotel Serena de Kabul, en Afganistán. El ministro de Asuntos Exteriores de Noruega y su delegación, junto con periodistas noruegos, estuvieron entre los agredidos. Además de varios civiles afganos un periodista noruego fué asesinado y un diplomático noruego herido de gravedad en este acto terrorista. Estos brutales ataques contra civiles no pueden ser tolerados.
Señor Presidente:
Es importante recordar que no se producen encuentros entre religiones, culturas o etnias. Se producen entre personas. Y por esta razón, el problema no son las religiones o las culturas en sí. Debemos levantarnos contra el extremismo, la intolerancia, la exclusión de los otros, la discriminación y los prejuicios.
Nuestro derecho a elegir líbremente nuestra religión o nuestras creencias se afirma claramente en la Declaración de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas. Aún así, la coexistencia de distintas religiones y culturas en ocasiones constituye un reto para sociedades y naciones de todo el mundo.
Muchos hablan como si hubiera un conflicto en marcha entre lo que se llama el mundo ”Musulmán” y el mundo ”Occidental”. No creemos en la existencia de este conflicto, ni que éstos sean los términos que deben utilizarse. Este discurso ha sido polarizado y, con demasiada frecuencia, dominado por elementos extremistas. Esta aproximación nos impide iniciar discusiones fructíferas, dificultando el encuentro de una zona intermedia. Los diálogos constructivos deben, necesariamente, incluir gentes y comunidades de diferentes segmentos de la sociedad.
Señor Presidente:
Noruega comparte la visión de la Comisión de la UE de que combatir la pobreza y trabajar por la igualdad social y económica es esencial en la batalla contra el extremismo. Nuestro diálogo también debe incluir estos importantes aspectos.
Noruega cree en el potencial del diálogo interreligioso e intercultural. El diálogo no implica necesariamente renunciar a valores y principios fundamentales. Representa la posibilidad de tomar posturas intermedias y retar el dominio de los extremismos. Por esta misma razón, Noruega está iniciando, apoyando e incentivando proyectos de diálogo en el Medio Oriente y varias zonas más de conflicto. A través de estos proyectos trabajamos codo con codo con dirigentes religiosos en Noruega e internacionalmente. Es esencial incluir también a las mujeres en esta labor.
La controversia surgida con las caricaturas del profeta Mahoma nos enseñó una importante lección. El debate se inclinó, rápidamente, hacia una peligrosa situación de ”ellos y nosotros”, nosotros y los otros.
En el punto álgido de esta controversia, descubrimos que en Noruega existía ya un importante canal de comunicación: dos organizaciones religiosas: el Consejo Islámico y el Consejo Eclesial Ecuménico y para las Relaciones Internacionales, se sentaron juntas para tratar este asunto. Su propósito no era ponerse de acuerdo, puesto que tiene poco sentido buscar un acuerdo sobre el valor de una fé frente a otra. Pero podían acordar respertar y proteger los valores del otro. El diálogo tuvo un impacto considerable.
Hoy hemos establecido en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en línea con el Plan de Acción de la Alianza de Civilizaciones, un foro en el que líderes religiosos, académicos y diplomáticos se reúnen para discutir aspectos importantes relacionados con la religión y la política exterior. Es un escenario muy valioso para dialogar.
El diálogo lleva tiempo. Lleva tiempo construir el conocimiento, la confianza y la fé necesarios para cambiar nuestras propias percepciones y las de la otra parte. Es aspecto temporal no siempre es compatible con la exigencia de las políticas nacionales e internacionales de resultados rápidos y duraderos. Así, la paciencia y el compromiso con el diáologo se hacen necesarios.
Gracias, señor Presidente.